Durante muchos siglos, África y sus pobladores parecían misteriosos, e incluso perversos, al resto del mundo. Generaciones de comerciantes anclaron sus barcos, y forzaron las caravanas a través de sus llanuras áridas y abrazadoras. El objetivo el Oro y el Marfil africano. Pero el continente en si continuaba siendo un enigma. ¿De donde procedían los africanos?, ¿Porque eran tan distintos de los otros hombres?, ¿Porque sus costumbres son tan distintas a la europea?
Los europeos no lograron discernir el origen y concluyeron en que los africanos eran unos salvajes,
unos seres inferiores, y que siempre habían sido así.
Sin embargo en el siglo xx África ha sido redescubierta por los eruditos. Ahora resulta que África ha sido un pueblo que ha aportado y
contribuido de modo impresionante al dominio general de mundo por el hombre. Crearon culturas y civilizaciones, desarrollaron sistemas de gobierno y de pensamiento, y persiguieron la vida
interior del Espíritu con una pasión agotadora, que los condujo a producir un arte de lo más bellos entre los conocidos por el hombre.
En 1498, vasco de Gama y sus marineros portugueses, habiendo conducido sus pequeños barcos en el Atlántico Sur, doblaron al cabo de Buena Esperanza y se
alegraron de hallarse ante elevadas ciudades de piedra, confortables y ricas, a todo lo largo de la costa oriental africana. Desembarcaron y se encontraron con un pueblo que sabia tanto como
ellos de cartas de marear y de brújulas, y que ha veces eran mas civilizados; los portugueses varias veces fueron amonestados por los
bárbaros.
Veinte años después el papa León X se quedo sorprendido en Roma al oír de boca de un moro cautivo que en la legendaria ciudad de Tombuctú, situada mas allá de la línea del horizonte
meridional, contaban con muchos eruditos, tanto que los mercaderes conseguían mejores utilidades operando con libro que con cualquier otro articulo. Algunos holandeses de alto conturno al visitar
la ciudad de Benín, a través de la pluiìsilvas de Nigeria, al retornar a su país se refirieron a sus principales que las calles de la ciudad eran tan anchas como las de Ámsterdam; y que el
Rey vivía en un Palacio que ocupaba "tanto espacio como la ciudad de Haarlem".
Por
lo tanto lejos de que los africanos fueran victimas de su propia ignorancia, habían ido muy lejos en el dominio de su continente mucho antes de que los europeos aparecieran en escena. Esta
proeza tan esencial se basaba en avances sociales y culturales de gran antigüedad, para lograrlo dependieron de valores espirituales, y fueron estos valores los que les permitieron construir
sociedades entretejidas, sin las cuales hubieran podido perecer. Es decir, la evolución de África estuvo inspirada por fuerzas comparables a las que inspiran cualquier otra rama de la familia
humana.
"Si en el seno familiar, los hermanos no se toman de la mano en terrenos sienegosos, Alimentaran al monstruo de la destrucción y de la Muerte”.
Julio Isaac Estrada Becerra
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